sábado 31 de octubre de 2009
CANTO A CUENCA
Bajo las Casas Colgadas,
ventana al vacío abierta,
enhiestos álamos, sombra
y frescor de la arboleda.
Color salmón y ceniza,
circo de escarpadas peñas,
donde las roqueras aves
moran en calizas grietas.
Sube lento hacia el Castillo
sinfín de angostas callejas,
atardece en arrebol,
alada se yergue Cuenca.
Entre las hoces abruptas,
los rascacielos se elevan
arañando azul celeste
el gallo de sus veletas.
El agua discurre clara,
murmullo plata del Huécar,
y arriba San Pablo firme,
cual fornido centinela.
No eres un río menor,
la gracia fluye en tus venas,
todavía adolescente
al Júcar tus aguas llevas.
Desde tu muerte precoz,
a tu cuna en Valdemeca,
cantarín por donde pasas,
vas alegrando las huertas.
Por la calle de los Tintes,
de las bellas, la primera,
te creces en brillo y garbo
hasta llegar a la meta.
Al balcón del cielo asoma
su cara la luna llena,
que quiere ver muy de cerca
la noche clara del Huécar.
Noche de calma y ensueño,
noche dormida y serena,
noche de luces y sombras,
arriba, abajo, doquiera.
Mágicas hoces del Júcar,
que a coro tres santos velan,
asomaderos volados
sobre misterio y belleza.
Jardines, fuentes, paisaje,
escalonadas placetas,
que rezuman fresco aroma
de florida primavera.
Pinares y más pinares
con miles de lanzas prestas,
milicia serrana verde
junto a gigantes de piedra.
Al pie, el encantado río
y su esmeralda poema,
rumor de brisa en los chopos,
plenilunio en la ribera.
En Cuenca rondan las tunas,
en tono de voces nuevas,
que rompen noche tranquila
con cantos de mayo en fiestas.
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